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El haba del roscón

Imagen de Chris Reading en Pixabay

Hace poco, comí roscón con nata en casa de mis cuñados. No era Navidad ni nada, por las fechas ya se ve, pero siendo época pre-festiva, pues se pone roscón en muchos lados. Y mira por dónde, me tocaron las dos cosas. El premio y el haba. De premio, Cartman de South Park, lo que considero un buen augurio. Ahí lo tengo, sobre la chimenea, con los reyes que me tocaron el año pasado. También un haba más seca que todo lo más seco que imaginarse pueda. A pesar del chascarrillo de turno, no pagué el roscón. Sobre los motivos por los que me tocaron las dos cosas no hago comentarios. Gracias, prensa.

Desenvolvía yo el plástico pringado de nata en la que venía el haba y según la tenía en mi mano, lo vi claro.

- La voy a plantar - dije.

- ¿El qué? - preguntan mis cuñados.

- El haba - digo, enseñándosela.

Me la guardo en el bolsillo trasero de la cinturilla del pantalón, una malla térmica deportiva porque esa noche hemos intentando salir de ruta de patinaje. Digo intentado porque la ruta era por Madrid centro con el fin de hacer un recorrido por las luces navideñas de la ciudad, pero aunque llegamos media hora antes de la salida, no pudimos aparcar el coche y la perdimos. Así de mal está la cosa. Delicias de Madrid city. A cenar con mis cuñados fuimos con ropa deportiva, que para eso hay confianza. Total, la cena era en su casa y ascos, pues no nos hicieron.

Me miran con cara de desconcierto y no dicen nada. En seguida siguen con otro tema. Pero yo me entiendo. La vida me acaba de traer un haba mucho más gorda, seca y dura que esta y a mis cuñados no les hemos dicho nada. Tan gorda es la haba, que no me cabría en ninguna cacerola imaginaria por grande que fuera. Por eso necesito plantar esta otra haba. Necesito recordar que de toda cosa dura se puede sacar algo bueno. No sé si recordarlo o manifestarlo, porque mi vida entera la he pasado sacando cosas buenas de mierdas pinchadas en palos. No lo digo por presumir. Mejor hubiera sido no tener que hacerlo. O no. Quizá forma carácter. Quizá de no haber sido así no me gustaría la persona que me mira desde el espejo cada mañana y la verdad es que me caigo bien, lo cual no deja de ser un puntazo.

Al llegar a casa, metí el haba entre dos algodones humedecidos, como me enseñaron en el cole en mi infancia. Es sorprendente cómo acude a ti según qué aprendizaje cuando lo necesitas. Los algodones con el haba los puse en un vaso al lado de la ventana de la cocina, por la que entra mucha luz, con más fe que otra cosa. Durante dos días el haba se limitó a recuperar forma, dejó de estar seca y volvió a estar gordita, sin que diera yo un duro por más transformaciones que esa. Pero al tercer día, oh sorpresa.

El haba comenzó a germinar.

Tengo pensado trasplantarla a una maceta cuando esté lo bastante grande. Entre medias, habrá que ver algo en Youtube sobre el cultivo doméstico de habas.  

Del otro haba no voy a hablar. Me basta con saber que de todo se saca algo bueno.

Patinadora, jurista, escritora aficionada, lectora, amante de la artesanía, hermana, pareja, amiga y humana en manada perruna y clan felino. No necesariamente por ese orden.

Comentarios

  1. Mucha suerte con tus habas. Felices fiestas. Un beso

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    1. Muchas gracias, Susana. Felices fiestas para ti también. Un beso.

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  2. Brindemos por ese algo bueno que seguro vendrá.
    Felices Fiestas.

    Besos.

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