Esta semana he tenido un curso de liderazgo. Al que he ido a rastras y por cumplir, pensando que era una tontería más de esas que te asigna RRHH para cumplir su expediente. Para mi sorpresa, el curso ha resultado muy interesante y enriquecedor, lo que me recuerda que es mejor no prejuzgar las cosas antes de conocerlas. También me recuerda que cuando una está cansada psicológicamente y arrastra un desgaste que no veas, es más difícil recordar estas cosas, por la sencilla razón de que estás irritable. Mucho. Irritable hasta las trancas. Y lo peor no es eso. Lo peor es que cuando vuelves al blog a quitarle el polvo después de unos meses de ausencia, te das cuenta de que esa irritabilidad, ese "ya no puedo más con esta situación" lleva así muchos meses y amigo, something's gotta change.
Soy muy de cuaderno escrito. Bueno, soy mucho de escribir en general, aquí, en el blog literario, en Living Writer y en cuadernos varios que garrapateo incensantemente, porque me ayuda mucho a poner mis ideas en orden. Tengo un cuaderno genérico, una especie de diario donde vuelco casi a diario lo que me inquieta, y el día que no lo hago es porque tengo fiebre o porque me toca oficina y he tenido que salir pitando. Tengo otro cuaderno de autocuidado, donde apunto las cosas que sé que tengo que tener presentes para no dejarme arrastrar por el estrés y las exigencias ajenas, cuidarme emocionalmente, tener descansos adecuados, comer bien, hacer ejercicio. Parece una tontería, pero el hecho de auto-recordarlo y escribir tus reflexiones te ayuda a tenerlo presente, en este vorágine absurda de vida que no sé muy bien quién ha montado. Luego tengo un cuaderno con mi estrategia como escritora, mi propuesta literaria, mis plazos para terminar escritos, mis acciones de marketing, mis ideas para el blog. Vamos, que tengo un cuaderno para cada cosa que quiero explorar y tener presente, y esta situación de desgaste personal prolongada, este literalmente no poder más, unido a esa especie de gatillazo que me ha producido el curso, me ha llevado a crear un nuevo cuaderno, que estoy bautizando sobre la marcha, según escribo estas líneas: Cuaderno de Transformación.
Dicen que fue Einstein quien dijo algo así como que no esperes resultados distintos si sigues haciendo lo mismo. No sé si lo recuerdo mal o se lo inventaron y no lo dijo Einstein, pero la frase tiene sentido. Y más sentido todavía tiene no esperar ningún cambio por parte de quienes han provocado esta situación de sobreesfuerzo crónico. De modo que, claramente, la que tiene que cambiar soy yo. Porque no hay entidad en este mundo a la que tenga que entregar yo mi salud, física o emocional. Ni por un sueldo ni por nada. Sólo faltaba. Antes me voy de monja budista al Himalaya, fíjate lo que te digo.
Es curioso porque el curso de liderazgo planteó unas preguntas que me hicieron pensar y en concreto me quedé con dos aspectos: ¿Quién soy yo (conócete a ti misma)? ¿Qué me motiva? ¿Qué me hace saltar? ¿Cuáles son mis ilusiones, mis miedos, mis puntos fuertes, mis debilidades? Y el otro ¿Qué espero de los próximos años? ¿Cómo quiero que sea mi vida? Claramente, las preguntas estaban enfocadas a ser mejor líder, pero yo me las apropié para tener mejor vida. Una que ahora mismo no tengo, porque la presión constante, la desorganización, la falta de recursos y la toxicidad omnipresente me tienen harta, agotada y desmotivada. Y en esta comedia absurda de un entorno en el que todos nos quejamos constantemente de lo mismo, me paré y pensé, joder, pero es que hay que hacer algo. ¿Qué sentido tiene quejarnos todos todo el tiempo de lo mismo y no hacer nada? ¿Es que somos gilipollas? Y sobre todo, ¿estoy dispuesta a pasarme los diez próximos años sufriendo como ahora, arrastrando mi cuerpo entre un exceso de problemas y trabajo, sin recursos suficientes para abarcarlo todo, dedicándo el tiempo de mi vida privada a suplir las carencias que no resuelven quienes tienen que resolverlas? Ya te digo yo que NO. Antes me voy de cestera a un pueblo perdido en los Picos de Europa. O a hacer rafting en el lomo de un barco como activista de Greenpeace. No te jode.
De modo que sí. Something's gotta change. Y va a ser desde ya. Que por qué necesito un cuaderno, pregunta el de la fila del fondo. Pues porque siento la necesidad de revisar el software, las creencias que me han traído a esta situación. No soy de las que piensa que no se puede hacer nada. Siempre se puede hacer algo. Muchas veces en mi vida me he encontrado situaciones difíciles. Como todos, supongo. Y siempre he podido hacer algo. Pero siento que en esta ocasión, hacer algo, pasa por revisar la perspectiva. Por ejemplo, mi definición de éxito. Mi orden de prioridades. Pararme a pensar en qué quiero invertir mi energía. Saber cómo tener paz en un mundo que cada vez me gusta menos y en el que tengo la sensación creciente de que se está volviendo loco. Cuestiones que no tienen una respuesta fácil, al menos yo ahora mismo no las tengo y quiero encontrarlas. Y para ello, necesito explorar otras perspectivas. Analizarlas, hacer mis anotaciones, reflexionar, escuchar a otros que han reflexionado antes que yo sobre estos temas. Encontrar mi propia forma de estar en el mundo. Una mejor, porque la que tengo ahora mismo, no me vale. Ya no. Esta no es mi definición de éxito.
Espero que vuelvas por el blog a contarnos tus conclusiones. Un beso
ResponderEliminarEsa es la idea. Gracias por leerme :-)
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