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Jamoncio

Imagen de Alexander Stein en Pixabay

Todo blogger que se precie sabe que lo suyo es ponerle un nick a todo bicho viviente que se mente en las entradas. Incluyendo al perro. Con el mío no he tardado en encontrarlo porque me salió solo un día que me tocó sacarlo, cuando vi cómo meneaba a un lado y otro ese cilindro apretao que tiene por lomo mientras caminaba delante mío.

Jamoncio.

No es que se lo haya puesto por putearle. Quiero a mi perro y eso que yo no quería perro. Lo trajimos porque Right no sabe vivir sin un perro. Y cuando nos juntamos se dio la circunstancia de que yo tenía dos gatos a los que él es alérgico y sabiendo lo que significan para mí, decidió meterse en un largo y costoso proceso de vacunación para poder convivir con ellos. Así que no me pareció que privarle de la compañía de un perro, con lo que importante que es para él, fuera equitativo. Por eso, acojonada como estaba y todo por mis gatos, trajimos al perro. 

A Jamoncio lo adoptamos de una protectora y el pobre venía en los huesos. Así que bueno, puestos a elegir, mejor que la criatura esté oronda y no que se le marquen las costillas. De eso no me cabe ninguna duda. Ahora bien, estar obeso no es bueno para nadie, aunque sea tu perro. Y así se lo dije a Right. Que vale que no es cuestión de ponerle a dieta, pero hombre, quítale un poco de allí, un poco de allá, lo bastante para que deje yo de llamarle Jamoncio sin que el perro pase hambre. Que hasta el veterinario ha dicho, muy educado él, que de ahí no suba. Y hay que leer entre líneas. Las del veterinario, porque lo mío con el nick no es que haya sido muy sutil. Lo mismo es que no valgo p'a diplomática.

A Right el mote le hizo gracia porque tiene mucho humor, pero me reveló una cosa que nunca, en toda mi vida, me hubiera esperado de él ni hubiera descubierto de no ser por la presencia de Jamoncio.

Resulta que es de los de "mi perro no está gordo, está fuerte".

Una nunca acaba de saber con quién se casa. 

Que el perro esté fuerte no es que lo ponga en duda. Es de esos perros potentes y fibrosos con una masa muscular que no te explicas. Pero claro, tú dale pienso al perro que el músculo lo mantiene, pero se pone más apretao que una morcilla. Vamos, que para portada de revista, pues no está. Mirando la curva del lomo, comprimida y recia como un chorizo de vela, no me cuesta trabajo imaginarme la grasa entreverada. De ahí Jamoncio.

De la convivencia con los gatos y el zoo que tengo en casa ya hablaremos en otro post. Baste con decir por ahora que los tres siguen vivos y coleando y que Right no es el único bicho vivo del que la situación ha revelado cosas. Por lo visto, tampoco conocía yo a mi gato al que Right, en justa venganza por haberme metido yo con su perro, llamó el otro día Huevoncio. Lo que tiene que aguantar una...

Patinadora, jurista, escritora aficionada, lectora, amante de la artesanía, hermana, pareja, amiga y humana en manada perruna y clan felino. No necesariamente por ese orden.

Comentarios

  1. Mi hija quiere tener un perro y dos gatos. Me gustaría saber cómo resulta. Un beso

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    Respuestas
    1. Pues mira, un poco lío, si te soy sincera, yo hubiera preferido seguir sólo con gatos. Dicho lo cual, las pautas que a mí me recomendaron y han funcionado, son las siguientes (sin ser experta ojo, sólo por mi experiencia y lo que me han aconsejado):

      - Los gatos deben vivir en casa antes de que llegue el perro. El motivo es que si el perro llega después de los gatos, su lectura es que ya hay una manada establecida en la casa (gatos + humanos) y es él quien tiene que incorporarse a la manada y no al revés. Que los gatos vivan en casa y no acaben de llegar es también importante porque así al perro le huele la casa a gatos y detecta que viven ahí. Si los gatos llegan cuando el perro ya vive en casa, puede que los ataque porque no los reconoce como miembros de su manada.
      - Es muy importante elegir bien al perro. Yo cuando fui a la protectora dejé muy claro que la seguridad de mis gatos era una línea roja para su adopción. Si la protectora es profesional y competente, hará lo que hizo la mía, probar al perro con gatos antes de formalizar la adopción. Como tienen un pabellón de gatos, lo que hacen es meter al perro dentro dando un paseo con él atado, para ver como reacciona. La reacción apropiada es que los ignore, que no muestre ni agresividad ni interés en ellos, ni siquiera jugando, es decir, que no reaccione ni en positivo ni en negativo. Si la protectora no prueba al perro y se limita a decir que puede convivir con gatos, para mí no sería suficiente, creo que el riesgo es lo bastante importante como para confirmarlo con una prueba.

      Hecho todo lo anterior, luego queda la fase de adaptación y en mi caso no ha sido fácil. No los puedes dejar solos, tienes que presentarlos poco a poco y dejar que se vayan habituando los unos a los otros. Además a mí hasta que se me quitó el miedo de que atacara a los gatos pasaron bastantes meses, era la primera que saltaba ante cualquier cosa. Y luego están los propios gatos. El mío, por ejemplo, no traga al perro y más de una vez nos hemos tenido que poner en medio para que no le afeite los morros. Más o menos han pasado seis meses hasta que hemos conseguido una convivencia tranquila, pero como te digo cada animal es un mundo, así que supongo que cada experiencia será diferente. Por cierto, una cosa que me recomendó un experto en perros es que pusiera en la casa cajas seguras para los gatos (cajas donde se pudieran meter si al perro se le cruza un cable y los ataca) Yo lo que hice es adaptar un baúl, cortar una puertecita con una sierra de calar y ponerlo en el salón para que haga las veces de mesa baja y refugio. Hasta ahora no han tenido que utilizarlo, toco madera... Espero que te sirva, un abrazo.

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  2. Jamoncio es un gran nombre para un perro.

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