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Hecha una braga

Imagen de Steve Buissinne en Pixabay

El título ya da una idea del tono de esta entrada y es que así estoy, hecha una braga. España, 11 de diciembre. Amaranta se levanta a las 3 a.m. porque tiene que tomar un vuelo a las 6:25 a.m. El día anterior ya tenía algún síntoma de catarro, qué mala suerte, pero a las 3 a.m. ya es evidente que el día va a ser durísimo, porque esos leves síntomas se han convertido en un acusado malestar corporal que deja claro que no es sólo un resfriado. Mientras camina por la terminal del aeropuerto en dirección a la puerta de embarque, se pregunta cómo se las va a apañar para pasar el día.

A las 10:00 a.m. ya está en la cafetería de otro país esperando al colega de profesión con el que va a preparar los puntos que llevarán a las reuniones de ese día. Con su manejo churretoso del idioma de esa nación, se las apaña para pedir el café con leche más grande que tienen, comúnmente conocido como latte, con la esperanza de que aporte algún tipo de alivio, aunque sea leve, a su cuerpo dolorido. Lo engulle con un pastillazo. Comienza la maratón. Ah, no, que la maratón ha empezado a las tres de la mañana, es verdad.

Durante todo el día, se traslada de un lugar a otro en un peregrinaje de reuniones varias, descansando entre medias en cafeterías. Si en condiciones normales esto es una p. paliza, imaginen cuando se ha pillado lo que parece una gripe de las malas. Para el café de la tarde me he quedado sin voz, no ronca, ojo, sino completamente afónica, y menos mal que voy con otra persona que puede hablar en las siguientes reuniones, pienso, rezando para no haber contagiado a la mitad de la peña con la que me he reunido y me recuerden como "la que me pegó la gripe" y no la que vino a contarme tal.

A las 21:30, después de un día horroroso, me subo al avión de vuelta, mejor dicho, me arrastró por el finger hasta el avión, donde me derrumbo, porque si hasta ese momento he podido aguantar a base de pastillazos, ya ni eso me sostiene. Viajo en coma hasta España y cuando aterrizo, envío un wassap al taxista de mi zona (una de las ventajas de vivir en el campo es que tenemos un taxista que siempre es el mismo y eso da una seguridad y confianza que no veas, además de ser una fuente inagotable de información sobre lo que se cuece en el entorno) agradeciendo que al menos hay confianza para decirle cómo me encuentro y que me perdone si no le dirijo la palabra, pero es que me he quedado, total y absolutamente, sin voz. En el taxi caigo otra vez en coma hasta que a las 00:30 del día siguiente al que he salido de viaje, es decir, casi veintidós horas después, entro en mi casa, me arranco la ropa, la tiro en el armario de cualquier forma, me enfundo el pijama y me derrumbo en la cama. 

Desde ese momento hasta hoy, sigo enferma. A los varios días de baja por incapacidad absoluta de levantarme de la cama han seguido muchos otros en los que no he logrado levantar cabeza, trabajando desde casa a medio gas, y han pasado veintitrés días ya, ojo. Lo de recuperar la voz fue una odisea, lo del malestar corporal, un acompañante diario, pero es que a día de hoy sigo con la garganta hinchada como un globo, los ganglios como pelotas y la misma sensación de agotamiento y malestar general que tenía el 11 de diciembre arrastrando mi cuerpo por el aeropuerto. 

Desde ayer, que fui al médico, estoy a base de antibióticos y el único jarabe que ha logrado, por lo menos, quitarme la tos (me doy cuenta ahora mientras escribo, algo es algo) Pero esta mañana me he levantado, otra vez, hecha una braga y me he tenido que endiñar un pastillazo sólo para poder sentarme aquí a escribir. Empiezo a estar pero que muy harta y desde luego, es la última vez que me doy una paliza semejante, por mucha salud que tenga (cruzo los dedos para recuperarla pronto) 

La respuesta a la pregunta de si esto merece la pena es evidente ¿no? ¿Me hubiera puesto así de mala de no haber sido por la maratón que, by the way, no es la primera, y el cansancio físico y psicológico acumulado de un montón de tiempo de exceso de trabajo y estrés por la nubes? Un detallito, mi smartwach, ese día, marcó 69 de estrés medio. Los que usen este tipo de tecnología saben a qué me refiero.




Patinadora, jurista, escritora, lectora, amante de la artesanía, hermana, pareja, amiga y humana en manada perruna y clan felino. No necesariamente por ese orden.

Comentarios

  1. Creo que tienes que bajar el ritmo. Pero sobretodo intenta ir al médico antes. Un beso

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  2. Veintitrés días... Hay virus y mutaciones microscópicas realmente duras. Pero con esa intensidad laboral de altos vuelos diría que tú lo eres más. :)

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