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Primera victoria sobre mi cuerpo ✌🏻

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay


Dije ya en alguna ocasión que era raro que tirara la toalla con algo, en especial cuando se me mete entre ceja y ceja. Esta cabezonería mía me ha traído no  pocos malos ratos. Por ejemplo, a punto he estado de que me diera un chungo con la maratón de obstáculos administrativos que he tenido que sortear para conseguir una subvención de eficiencia energética. El hecho de que gestionarla haya sido el reto más gordo que he afrontado en toda mi vida profesional  —y os aseguro que estoy muy hecha a gestionar temas complejos— ya dice mucho de las "facilidades" de la administración autonómica, al menos la mía, para otorgar lo que anuncia a bombo y platillo. No me sorprende que, tal que como he oído, haya gente que desista, cosa que también yo hubiera hecho si no fuera por esta faceta de mi carácter. Eso sí, como entre alguien por la puerta a ofrecerme algo con el argumento comercial de la subvención, no tiene campo suficiente para correr. Ha sido una batalla interminable de discusiones con proveedores e instaladores para obtener todo tipo de certificados de instalación, fichas de equipos, memorias técnicas y todo lo que se le ha ocurrido al que metió los requisitos en la norma, además de un vía crucis de explicaciones y subsanaciones administrativas que me han tenido durante todo el proceso a punto de espicharla por un berrinche.




No lo digo con orgullo. Aunque es verdad que gracias a este rasgo, he conseguido muchas cosas en mi vida, como un cum laude en el máster de mi especialidad (sí, eso también se me metió entre ceja y ceja, autoexigente que es una) o  ser capaz de cruzar los pies en patines a lo largo de una fila de conos sin esmorrarme, no lo es menos que tampoco pasa nada por saber cuándo hay que soltar la toalla que llega un momento, coñe, que parezco un Dóberman. Pero también os digo: no puedo evitarlo. Cuando algo me importa, me sale de lo más profundo pelearlo. Ni siquiera me planteo hacer otra cosa. Así reviente (que algún día reviento, tampoco lo descarto)

Siguiendo lo arriba expuesto, no pensaréis que iba a tumbar el brazo en el pulso por los kilos de más que las hormonas, la edad y la puñetera madre naturaleza me estaban echando con toda su mala leche y contaba en la entrada anterior. Como me suele ocurrir en este tipo de situaciones, cuando me empeño en algo y no lo consigo, no me invadió el desánimo, sino una especia de ira satánica cuyo efecto es actuar como revulsivo y combustible para redoblar mis esfuerzos o triplicarlos si hiciera falta.


De modo que, así las cosas, decidí optar por lo que debí haber hecho desde un principio, antes de ver choporrocientos vídeos en Internet, pagar la suscripción a la App de adelgazamiento o comprarme el libro de la diosa de la glucosa: pedir cita con el endocrino. Que no lo había hecho por miedo a que se riera, porque tampoco es que tenga obesidad mórbida, pero dado que me faltaban exactamente trescientos gramos para entrar en sobrepeso según mi IMC, bramé un potente BUENOBASTA y reservé una cita a la que acudí con el argumento irrebatible de que si no lograba revertir esta tendencia, iba a tener que ensanchar hasta la puerta de la verja para poder entrar en mi casa.

No hizo falta. El endocrino resultó ser un señor de lo más amable, que me escuchó atentamente y me dio una guía de los más simple, tantos carbohidratos como máximo al día, tantas proteínas y tanta grasa. Las terceras, mucho menos de las que yo pensaba eran permisibles, a juzgar por teorías como la de la dieta keto. Vamos que, grasas, casi nada y alimentos como los frutos secos, que tienen muy buena prensa y supuestamente no engordan, es que ni mirarlos. Unas pocas reglas bastante restrictivas, no lo voy a negar, pero que me han hecho entender por qué no conseguía adelgazar. Y lo que es más importante, desde que las sigo, hace pocos días, HE PERDIDO UN KILO. Madre naturaleza ¡¡¡chúpate esa!!!





Patinadora, jurista, escritora, lectora, artesana, hermana, pareja, amiga y humana en manada perruna y clan felino. No necesariamente por ese orden.

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